Ejercicio y sus efectos en la salud y la microbiota intestinal

El ejercicio por mucho tiempo se ha visto como un modulador para nuestra salud, pero ¿qué pasaría si el ejercicio también fuera capaz de promover una microbiota intestinal saludable? Hoy vamos a discutir los beneficios del ejercicio en la salud, así como también su rol en promover un intestino saludable y con diversidad. Nuestra salud intestinal es influenciada por muchos factores intrínsecos y extrínsecos. Algunos factores comunes que solemos asociar con la salud intestinal son la dieta, el modo de dar a luz, medicamentos, genética, edad, enfermedades y estrés. La dieta y sus efectos en la microbiota intestinal han sido el foco principal en numerosos estudios debido a su simple pero efectiva habilidad para modificar la composición de la microbiota intestinal. Así mismo, estudios recientes están comenzando a demostrar que como nuestras dietas, el ejercicio constante y la actividad física también pueden modificar la composición de la microbiota mejorando el número de bacterias benéficas aumentando la diversidad, y así mejorando el desarrollo de bacterias comensales.


La relación entre nuestra salud y la flora intestinal está incuestionablemente ligada. Esta relación se vuelve cada vez más aparente cuando se observa la cercana asociación entre

la disbiosis intestinal y las incontables enfermedades no transmisibles (crónicas) presentes en nuestra sociedad actualmente, tales como obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y gastrointestinales y cáncer. La disbiosis se caracteriza por desequilibrios en la microbiota intestinal, que a la vez afecta la permeabilidad intestinal, puede llegar a inflamación sistémica, anabolismo y afectar la disponibilidad de nutrientes. Se asocia con una diversidad reducida de bacterias beneficiosas (comensales) y el crecimiento de bacterias patogénicas. Una microbiota saludable mantiene una amplia diversidad de microbios y tiene un equilibrio positivo entre bacterias patogénicas y comensales. A mayor diversidad microbiana, mejor capacidad de nuestra microbiota para llevar a cabo todas sus funciones metabólicas, inmunológicas y protectoras del intestino.


Interesantemente, los estilos de vida y comportamientos sedentarios se han asociado con disbiosis y enfermedades crónicas. La inactividad física se ha vuelto uno de los factores de riesgo más importantes a nivel global para enfermedades crónicas tales como enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes tipo 2, cáncer, hipertensión, síndrome metabólico, ansiedad y depresión.


Evidencia exhaustiva ha establecido que la falta de actividad física afecta cada célula, órgano, y sistema en nuestro cuerpo y resulta en un incremento en la morbilidad, así como también en la mortalidad temprana. Más aún, la inactividad física por sí sola es suficiente para incrementar las enfermedades crónicas. El estilo de vida sedentario es un factor contribuyente en gran medida a la morbilidad, especialmente en nuestra sociedad occidental desarrollada. Esencialmente, hemos reemplazado la mayor parte de nuestra actividad física en nuestra vida diaria con avances modernos como el transporte, tecnología informática y urbanización. Aunque apreciamos estas cosas que han hecho nuestras vidas infinitamente mejores, han sido en detrimento de nuestra actividad física y como consecuencia, de nuestra salud.


Afortunadamente para nosotros, podemos ganar esta batalla contra los efectos adversos de la inactividad y combatir enfermedades crónicas que están plagando nuestro mundo moderno! El ejercicio ha demostrado ser tanto una herramienta preventiva como de tratamiento para muchas enfermedades crónicas e inflamatorias. Hay algunos mecanismos clave que se asocian con el ejercicio y sus efectos promotores de la salud. El ejercicio físico promueve estados antiinflamatorios modulando nuestra respuesta inflamatoria. El ejercicio también promueve el eje hipotálamo-hipofisiario-suprarrenal (HHS o HPA por sus siglas en inglés), que regula los sistemas homeostáticos en el cuerpo y la respuesta del cuerpo al estrés, y también refuerza la función neuromuscular.


El ejercicio también ayuda a perder peso, aumentar la energía, mejorar la salud ósea y funcional, ayuda a mejorar el sueño, y contribuye a una condición cardiorespiratoria y muscular más fuerte. La lista sigue y sigue, y los nuevos beneficios del ejercicio en nuestra salud continúan siendo descubiertos.


Un beneficio para la salud que ha surgido mediante varios estudios es la habilidad del ejercicio para regular la microbiota intestinal hacia un estado de salud. El ejercicio ha demostrado tener la habilidad de aumentar la diversidad microbial, promover equilibrio saludable entre las bacterias comensales y patogénicas y proteger contra el desarrollo de enfermedades intestinales inflamatorias como intestino inflamado y enfermedades del colon, debido a sus efectos antiinflamatorios. La disminución en la inflamación protege la morfología, composición e integridad de nuestro intestino. Otro factor donde el ejercicio beneficia al intestino es la habilidad del ejercicio para reducir el tiempo transitorio de las heces; esencialmente esto reduce el tiempo de contacto entre patógenos y la capa de la mucosa intestinal, reduciendo así el riesgo de cáncer de colon, diverticulosis y enfermedad inflamatoria del intestino.


El ejercicio ha demostrado aumentar las bacterias productoras de butirato, uno de los importantes acidos grasos de cadena corta. El butirato es un metabolito producido por la fermentación de fibra dietética. Los beneficios del butirato no tienen límites. Tiene efectos antiinflamatorios y anticarcinógenos e incrementa los niveles de las proteínas de unión de la pared intestinal, promoviendo el mantenimiento de la barrera intestinal y reduciendo la permeabilidad de la mucosa. Al fortalecer la barrera intestinal, el butirato puede bloquear la translocación de lipopolisacárido (LPS)- una molécula inflamatoria potente producida en la membrana celular de las bacterias Gram-negativo. Los beneficios de la producción de butirato corresponden no sólo al intestino, sino a nuestra salud en general debido a sus efectos antiiflamatorios y anticarcinogénicos, así como también a sus funciones inmuno reguladoras.


Aunque hay muchos beneficios para el ejercicio, hay momentos en los que el ejercicio actúa como un estresor para nuestros cuerpos. Durante el ejercicio agotador, crónico y de alta intensidad, comúnmente visto en atletas de alto rendimiento, nuestro cuerpo incrementa la temperatura y la sangre se desplaza del tracto gastrointestinal hacia los músculos periféricos y órganos como el corazón y pulmones. Esta redistribución de sangre hacia afuera de los intestinos, junto con el daño térmico a la mucosa intestinal, puede ocasionar una ruptura en la barrera intestinal, aflojando las estrechas uniones de las células de la pared intestinal, lo que desata una respuesta inflamatoria.


Adicionalmente, con el tiempo, las hormonas del estrés incrementadas y la translocación de lipopolisacáridos (LPS) en el tracto gastrointestinal, producto del ejercicio intenso, pueden desatar respuestas inmunes también asociadas a la inflamación y permeabilidad intestinal. Estas son algunas de las desafortunadas realidades del ejercicio intenso, pero por fortuna, la mayoría de estos síntomas son transitorios y agudos, y pueden prevenirse con las precauciones apropiadas, incluyendo la dieta, hidratación y suplementación de electrolitos perdidos durante el ejercicio.



La conexión entre el ejercicio, nuestra salud y la microbiota es fascinante y los estudios están empezando a confirmar la importancia de esta conexión y la importancia del ejercicio en nuestra salud global. La realidad es que vivimos en un mundo moderno con incontables avances tecnológicos increíbles que hacen nuestras vidas mejor y que han mejorado significativamente nuestros estándares de vida; sin embargo, han promovido la inactividad física y estilos de vida sedentarios. Ahora más que nunca es importante incluir el ejercicio en nuestras vidas para combatir los efectos negativos de la inactividad física y hábitos sedentarios. Los beneficios del ejercicio de verdad pesan más que cualquier daño potencial y tiene incontables beneficios que contribuyen a mejorar nuestra calidad de vida!


Post producido con Karen Moreno


Referencias:


Booth, F. W., Roberts, C. K., & Laye, M. J. (2012). Lack of exercise is a major cause of chronic diseases. Comprehensive Physiology, 2(2), 1143–1211. https://doi.org/10.1002/cphy.c110025


Cerdá, B., Pérez, M., Pérez-Santiago, J. D., Tornero-Aguilera, J. F., González-Soltero, R., & Larrosa, M. (2016). Gut Microbiota Modification: Another Piece in the Puzzle of the Benefits of Physical Exercise in Health?. Frontiers in physiology, 7, 51. https://doi.org/10.3389/fphys.2016.00051


Clark, A., & Mach, N. (2016). Exercise-induced stress behavior, gut-microbiota-brain axis and diet: a systematic review for athletes. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 13, 43. https://doi.org/10.1186/s12970-016-0155-6


Cook, M. D., Allen, J. M., Pence, B. D., Wallig, M. A., Gaskins, H. R., White, B. A., & Woods, J. A. (2016). Exercise and gut immune function: evidence of alterations in colon immune cell homeostasis and microbiome characteristics with exercise training. Immunology and cell biology, 94(2), 158–163.


De la Cuesta-Zuluaga, J., Mueller, N. T., Álvarez-Quintero, R., Velásquez-Mejía, E. P., Sierra, J. A., Corrales-Agudelo, V., Carmona, J. A., Abad, J. M., & Escobar, J. S. (2018). Higher Fecal Short-Chain Fatty Acid Levels Are Associated with Gut Microbiome Dysbiosis, Obesity, Hypertension and Cardiometabolic Disease Risk Factors. Nutrients, 11(1), 51. https://doi.org/10.3390/nu11010051


Ercolini, D., & Fogliano, V. (2018). Food Design To Feed the Human Gut Microbiota. Journal of agricultural and food chemistry, 66(15), 3754–3758. https://doi.org/10.1021/acs.jafc.8b00456


Estaki, M., Pither, J., Baumeister, P., Little, J. P., Gill, S. K., Ghosh, S., Ahmadi-Vand, Z., Marsden, K. R., & Gibson, D. L. (2016). Cardiorespiratory fitness as a predictor of intestinal microbial diversity and distinct metagenomic functions. Microbiome, 4(1), 42. https://doi.org/10.1186/s40168-016-0189-7


Gubert, C., Kong, G., Renoir, T., & Hannan, A. J. (2020). Exercise, diet and stress as modulators of gut microbiota: Implications for neurodegenerative diseases. Neurobiology of disease, 134, 104621. https://doi.org/10.1016/j.nbd.2019.104621


Mayo Clinic. (2019). Exercise: 7 benefits of regular physical activity. https://www.mayoclinic.org/healthy-lifestyle/fitness/in-depth/exercise/art-20048389.


McBurney, M. I., Davis, C., Fraser, C. M., Schneeman, B. O., Huttenhower, C., Verbeke, K., Walter, J., & Latulippe, M. E. (2019). Establishing What Constitutes a Healthy Human Gut Microbiome: State of the Science, Regulatory Considerations, and Future Directions. The Journal of nutrition, 149(11), 1882–1895. https://doi.org/10.1093/jn/nxz154


Monda, V., Villano, I., Messina, A., Valenzano, A., Esposito, T., Moscatelli, F., Viggiano, A., Cibelli, G., Chieffi, S., Monda, M., & Messina, G. (2017). Exercise Modifies the Gut Microbiota with Positive Health Effects. Oxidative medicine and cellular longevity, 2017, 3831972.


Peters, H. P., De Vries, W. R., Vanberge-Henegouwen, G. P., & Akkermans, L. M. (2001). Potential benefits and hazards of physical activity and exercise on the gastrointestinal tract. Gut, 48(3), 435–439. https://doi.org/10.1136/gut.48.3.435


Ticinesi, A., Lauretani, F., Tana, C., Nouvenne, A., Ridolo, E., & Meschi, T. (2019). Exercise and immune system as modulators of intestinal microbiome: implications for the gut-muscle axis hypothesis. Exercise immunology review, 25, 84–95.


Williams, B. A., Grant, L. J., Gidley, M. J., & Mikkelsen, D. (2017). Gut Fermentation of Dietary Fibres: Physico-Chemistry of Plant Cell Walls and Implications for Health. International journal of molecular sciences, 18(10), 2203. https://doi.org/10.3390/ijms18102203


117 views